Uptivo
Volver al blog
Volver al blog

Escrito por

Fabrizio Colciago

Uno de cada nueve adultos en Estados Unidos toma un fármaco GLP-1, y los gimnasios reciben a quien lo toma igual que en 2019

Uno de cada nueve adultos en Estados Unidos toma un fármaco GLP-1, y los gimnasios reciben a quien lo toma igual que en 2019

Entrenador personal junto a un socio durante una sesión de entrenamiento

El 8 de septiembre Gallup actualizó sus estimaciones de 2026 sobre los fármacos GLP-1, y tengo la sensación de que el sector todavía no las ha digerido, porque en dos años lo que era un fenómeno de nicho se ha convertido en un trozo de la población: hoy uno de cada nueve adultos estadounidenses toma uno de estos fármacos para adelgazar, y la curva no da señales de frenar, entre otras cosas porque desde este año dos de ellos se venden ya en pastilla en Estados Unidos, y quien hasta ahora se frenaba ante la idea de la inyección tiene ya una alternativa.

Los grandes operadores se dieron cuenta hace tiempo, y las cadenas que han montado un programa específico para estas personas se cuentan ya por decenas. El problema es lo que pasa en todos los demás clubes, donde quien llega en tratamiento recibe exactamente la bienvenida de 2019, con el recorrido por las instalaciones, la clase de prueba y los correos de bienvenida, y luego en primavera ya no está, sin que en recepción nadie sepa explicar por qué.

Después de empezar el tratamiento se mueven menos, y en la sala nadie lo sabe

El estudio que conviene pasar a los entrenadores se presentó en junio en el congreso ENDO 2026, y tiene el mérito de medir comportamientos en lugar de intenciones: los investigadores tomaron los datos de Fitbit de 753 personas con obesidad que acababan de empezar un fármaco GLP-1 y compararon los meses de antes y de después del inicio del tratamiento. El resultado es que los pasos diarios bajaron en más de quinientos, y la actividad intensa cayó con ellos.

Es un dato que le da la vuelta a una idea que en la sala se da por sentada desde siempre, la de que quien está adelgazando también se está moviendo más. En este estudio pasó lo contrario, y no es difícil entender por qué: el fármaco apaga el apetito y, con toda probabilidad, se lleva también parte de la energía, de modo que la persona que entra en el gimnasio come menos, se mueve menos y ve bajar la báscula sin que el gimnasio haya tenido nada que ver.

Esto cambia el oficio más de lo que parece, porque el socio que venía a adelgazar, en torno al que se construyeron todos los gimnasios, entraba con sobrepeso, motivado y con un apetito normal, y el trabajo del club consistía en construirle un déficit calórico. El socio en tratamiento ya tiene el déficit, le llegó con la receta, así que el contador de calorías, que sigue siendo lo primero que casi todos los clubes le ponen delante, ya no es el argumento con el que se gana a ese socio.

Una cuarta parte de lo que pierden no es grasa

Las investigaciones sobre la composición corporal de quienes toman estos fármacos cuentan todas la misma historia, y es que buena parte del peso perdido, alrededor de un cuarto, no es grasa sino masa magra. Preservar el músculo pasa a ser por tanto la prioridad, y por eso los estudios coinciden en pedir al menos dos sesiones de fuerza a la semana, mejor tres, junto con más proteína de la que una persona sin apetito tiende a comer.

Y ahí es donde el club tiene en la mano una carta que la farmacia no tiene, porque el apetito se lo quita el fármaco, pero el músculo tiene que construírselo el propio socio, con dos o tres sesiones de fuerza a la semana que alguien tiene que programar, corregir y hacer progresar en carga. Ese alguien es el entrenador, y ese sitio es la sala de pesas: ese trabajo no lo hace ninguna pastilla, y tampoco lo hace ninguna pantalla.

Si para adelgazar no necesitan moverse, dales otro motivo

Hay, eso sí, un problema que viene antes que el músculo, y es que para hacer tres sesiones a la semana hay que presentarse tres veces a la semana, y esta persona acaba de perder precisamente el motivo para hacerlo, porque el peso baja aunque se quede en casa. El primer trabajo del club, antes incluso de programarle la fuerza, es darle una razón para entrar.

Coge a un socio que lleva diez años sin entrenar y ha perdido siete kilos en dos meses, y ponlo en una clasificación ordenada por vatios o por ritmo: a la tercera ya no vuelve, porque durante toda la clase, en cada pantalla de la sala, ha tenido la confirmación de que es el último.

No es un motivo para apagar las pantallas, sino para poner en ellas un número que ese socio pueda ganar de verdad. Las zonas de frecuencia cardíaca ajustan el esfuerzo a cada persona, lo que significa que, para quien empieza, una caminata rápida en cuesta es, a todos los efectos, una sesión exigente, y que una pantalla que puntúa el esfuerzo en lugar del rendimiento le devuelve una nota suya, honesta, desde el primer día.

La cuestión es que si el peso baja de todos modos, el entrenamiento tiene que merecer la pena por otra cosa, y un sistema de puntos es la forma más barata que tiene un club de darle esa otra cosa: los puntos por los minutos que cada uno pasa en sus zonas, una racha semanal que al cabo de un tiempo no apetece romper, un estatus que sube con el esfuerzo acumulado y un grupo que se da cuenta cuando faltas se convierten, juntos, en un motivo para venir a la sala que ya no tiene nada que ver con lo que marcó la báscula por la mañana.

El juego, en cambio, tiene que durar más que el evento, porque los retos con fecha de caducidad hacen subir la asistencia mientras duran y la devuelven al nivel anterior en cuanto terminan, como mostró un estudio publicado este año sobre un reto de ocho semanas. La caída, sin embargo, fue menos pronunciada entre quienes decían entrenar también porque les gustaba, y esa es la razón por la que conviene mantener estatus y rachas abiertos todo el año en lugar de repetir otro reto más con una meta al final.

Si ese hábito arraiga, lo demás viene solo: quien entra tres veces a la semana para defender la racha es la persona a la que el entrenador puede poner una barra en las manos, y las sesiones de fuerza dejan de ser una recomendación y pasan a formar parte de la rutina. Además, el entrenamiento le levanta el ánimo justo en las semanas en que el fármaco le ha quitado el hambre y, probablemente, también la energía.

La pantalla de UPTIVO hace exactamente esta parte del trabajo, con los wearables que los socios ya llevan en la muñeca: el esfuerzo se mide según la capacidad de cada uno, así que quien empezó el tratamiento hace dos meses y el más en forma de la sala pueden hacer la misma clase, acumular Uptivo Performance Points en la misma escala y salir los dos con una nota que vale algo, y con SNAP todo esto funciona en los monitores que ya tienes colgados. Conviene decirlo con claridad: la frecuencia cardíaca mide el esfuerzo en las clases y en los formatos mixtos, no la carga levantada; su trabajo es que el socio siga viniendo, y lo que hace una vez dentro, fuerza incluida, lo decide el entrenador.

Dos de cada tres dejan el fármaco en menos de un año, y una cuota debería durar más

Hay un dato que en el sector se cita poco, y es que entre los pacientes sin diabetes de tipo 2 casi dos de cada tres interrumpen el tratamiento en menos de un año, según un estudio publicado en JAMA Network Open, y la mayoría no lo retoma. Estos fármacos están pensados también para el largo plazo, pero en la práctica, para mucha gente, llegan igualmente los meses posteriores a la última dosis, y son justo esos meses los que deciden si el club se queda con ese socio los años siguientes. La partida se decide con lo que pasó antes: quien mientras tanto se ha puesto más fuerte y llama al entrenador por su nombre tiene un motivo para volver, mientras que quien solo se ha llevado a casa un número más bajo en la báscula desaparece el mismo día en que se acaba el fármaco.

Cambia también la forma de leer la asistencia, porque la motivación de este socio sigue el ciclo del tratamiento y no los meses de la cuota: si en el segundo mes las visitas se espacian, porque los efectos secundarios se notan o porque la receta llegó tarde, ese es el momento de llamarlo, no el de esperar. Mi convicción, después de años mirando los datos de los clubes, es que los socios que se dan de baja son casi siempre aquellos a los que nadie seguía, y con este grupo la ventaja es que las señales llegan antes y se ven clarísimas en los números.

Construimos DASH para que esa llamada se haga de verdad y no dependa de la memoria de nadie: cada socio tiene una puntuación de riesgo de baja calculada a partir de la asistencia y de la actividad de entrenamiento, con las prioridades ya ordenadas, lo que permite a un entrenador seguir a cien personas en lugar de a una docena y ver quién está en tratamiento cuando todavía quedan semanas para recuperarlo. Y es el mismo sitio donde se ve si las sesiones de fuerza previstas las está haciendo de verdad o si se ha quedado en las clases.

Todos quieren vender el fármaco, casi nadie trabaja en lo de después

Las grandes cadenas estadounidenses se están moviendo en dos direcciones: algunas han puesto el trabajo de fuerza en el centro de sus programas para quien está en tratamiento, otras han firmado acuerdos con plataformas de telemedicina para revender a sus socios el acceso al propio fármaco.

Un acuerdo con la telemedicina, sin embargo, lo puede firmar cualquiera, y como mucho garantiza la primera cuota. Cuenta mucho más ser el club en el que, cuando el fármaco cambia o se interrumpe, queda una persona que ha construido fuerza, un hábito y una relación con su entrenador, porque eso vale años de cuota de gente que ya ha demostrado que está dispuesta a gastar en su salud.

Para hacer todo esto no hace falta convertirse en una clínica. Hace falta recibir a quien llega sabiendo que su cuerpo está cambiando deprisa, darle antes que nada un motivo para venir y después poner la fuerza en primer lugar, y hace falta sobre todo alguien que durante los primeros noventa días coja el teléfono de verdad, porque así es como en el mes trece a ese socio lo tienes todavía, mucho después de la última receta.

Fuentes

Gallup, In U.S., GLP-1 Usage Reaches New High

Endocrine Society, Exercise decreases among people taking GLP-1 medication

Metabolites, Lean Mass and Musculoskeletal Preservation in GLP-1-Based Obesity Treatment: Nutrition, Exercise, Supplementation, and Monitoring Strategies

JAMA Network Open, Discontinuation and Reinitiation of Dual-Labeled GLP-1 Receptor Agonists Among US Adults With Overweight or Obesity

Athletech News, More Gyms Are Integrating GLP-1s Into Their Offerings, Report Finds

Applied Psychology: Health and Well-Being, Who stays for the after party? Examining predictors of exercise engagement during and after an 8-week gym-based body composition challenge