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Escrito por

Fabrizio Colciago

Un entrenador puede ganarle al anillo de Oura. Mientras tanto, los gimnasios pierden a la mitad de sus socios en seis meses

Un entrenador puede ganarle al anillo de Oura. Mientras tanto, los gimnasios pierden a la mitad de sus socios en seis meses

Un anillo Oura apoyado sobre un paño oscuro

El 3 de septiembre Oura presentó los papeles para salir a Bolsa, y las cifras que hay dentro no son las de una empresa de gadgets: en los nueve meses cerrados a 30 de junio los ingresos se fueron a 1.210 millones de dólares, un 74% más que un año antes, con un beneficio neto de 60,8 millones y cerca de 5 millones de personas que pagan una cuota mensual encima de un anillo que ya les costó 349 dólares o más.

Más adelante en el folleto hay, sin embargo, dos cifras que a quien lleva un gimnasio deberían interesarle bastante más que la valoración: Oura conserva al 85% de sus suscriptores de pago a los doce meses, en media ponderada, y esos suscriptores abren la aplicación más de 3,5 veces al día.

Un anillo sin entrenadores, sin sala y sin recepción, con la única ayuda de un algoritmo que lee a una persona cada noche y le dice algo cada mañana, retiene a sus clientes bastante mejor que los gimnasios, que tienen entrenadores y sala y aun así pierden a cerca de la mitad de sus nuevos socios en seis meses, según la investigación que desde hace años se atribuye a IHRSA, hoy Health and Fitness Association.

Lo que el anillo sabe hacer, y lo que no hará nunca

Lo que Oura vende, en el fondo, es interpretación: quitado el titanio, la transacción se reduce al saludo diario de un objeto que te conoce, que se ha fijado en la mala noche o en la sesión dura y que ajusta lo que te dirá mañana. La fidelidad va a parar a esa interpretación, no al hardware, y el folleto le pone un precio muy concreto, con unos ingresos por suscripción que crecen un 121% en nueve meses.

Lo que el anillo no sabe hacer es mirar a un socio a los ojos, cambiarle la sesión allí mismo, preguntarle por qué sus números tienen esa pinta esta semana, oír que la noche en vela fue por un hijo con fiebre y no por un problema de entrenamiento, o darse cuenta de que alguien se está engañando sobre lo que aprieta, por no hablar de meterlo en una sala con otras doce personas empujando contra la misma pared; todo eso un entrenador y una clase lo hacen por instinto, sin considerarlo siquiera una habilidad.

Si el anillo gana de todos modos es por cobertura y no por calidad: un entrenador puede llevar en la cabeza a una veintena de socios mientras el anillo sigue a cinco millones, así que la persona pierde en aritmética, y los que dejan un gimnasio son casi siempre aquellos a los que nadie estaba siguiendo.

Lo que vende la mayoría de los gimnasios no ayuda, porque un abono tradicional reducido a lo esencial no es más que un alquiler, una mensualidad a cambio de metros cuadrados y máquinas, sin otro vínculo que la tarjeta de la puerta, y un alquiler sufre las fugas de un alquiler. Sin embargo, quien se apuntó este año no firmó por unos metros cuadrados: quiere saber si mejora, quiere un plan que tenga en cuenta cómo ha dormido y quiere que alguien se dé cuenta si desaparece dos semanas.

Y no ha esperado al club para conseguirlo: casi uno de cada dos adultos estadounidenses lleva ya una pulsera de actividad o un smartwatch según el informe 2026 del ACSM sobre tendencias del fitness, así que el socio llega a la sala con su Garmin, su Apple Watch, su Whoop o su anillo Oura puestos, lo que significa que la IA ya está dentro del gimnasio y que la única pregunta pendiente es en qué bando juega.

El entrenador que pelea contra la IA pierde, y el que la usa gana

A esa pregunta hay dos respuestas que llevan directas al muro: hacer como si los wearables no existieran y seguir vendiendo espacio, o intentar competir con el anillo en el terreno de la aplicación, a golpe de notificaciones y feed, una carrera que ningún club ganará jamás en tiempo de pantalla.

La respuesta buena consiste en hacer de la IA una aliada, empezando por lo que los socios ya llevan encima: en la sala, la frecuencia cardiaca en directo de un Garmin, un Apple Watch, un Polar, un Whoop o una banda Bluetooth puede alimentar una pantalla de esfuerzo colectiva a través de Snap en menos de un minuto, con una Lightband que el club presta a quien llega sin dispositivo.

Esa pantalla es la segunda arma del club, porque un anillo se vive a solas mientras que una clase con las zonas de todos en la misma pared se vive en compañía, y Orangetheory levantó una franquicia mundial justo sobre eso: el esfuerzo a la vista de toda la sala, medido sobre el pulso de cada uno y no sobre el físico, con un entrenador que lee la pared y marca el siguiente arreón. Ningún algoritmo en el dedo va a reproducir la energía de una sala llena, y el club que pone los wearables de sus socios en la pantalla se queda con toda esa energía.

Entre visita y visita, las salidas registradas al aire libre pueden volcarse desde Garmin en el perfil del socio y, si él lo autoriza, su sueño, su pulso en reposo y su recuperación dan al entrenador el contexto de las sesiones en la sala; lo que llega depende del dispositivo.

El software se encarga después de lo que ninguna persona puede asumir: cada mañana DASH calcula el riesgo de baja a partir de asistencias y actividad de entrenamiento y ordena toda la base por prioridad, de modo que el entrenador sabe qué quince socios de 800 merecen un mensaje hoy.

NATE Assistant prepara entonces el borrador de ese mensaje, o del siguiente programa, con los datos reales del socio, y un entrenador lo revisa antes de que salga nada; NATE Coach, un servicio aparte que el club puede asignar, responde por su lado a las preguntas de los socios entre sesiones, sobre la base del mismo programa.

Queda entonces para la persona la parte que el anillo no puede asumir, y ahí es donde la partida se da la vuelta: el socio que esta semana se ha saltado la sesión pero ha registrado una carrera larga al aire libre recibe una conversación sobre el trabajo que de verdad ha hecho y un plan ajustado a ello, en lugar del eterno recordatorio para que vuelva, y una puntuación de recuperación en rojo se convierte en una pregunta sobre la noche en vela o la semana cargada, de manera que se va con una decisión que encaja en su vida y no con un número en una pantalla.

El entrenador que llevaba en la cabeza a veinte personas sigue ahora a varios cientos en la misma jornada, con los mismos datos que el anillo y el criterio que a este le falta; no es la IA sustituyendo a la persona, es la persona consiguiendo por fin la cobertura que el anillo tuvo desde el principio, y en ese momento el anillo pierde.

Una precisión necesaria, que vale en los dos sentidos

Para ser honestos, el 85% de Oura se consigue a 5,99 dólares al mes con un producto que se cancela con dos toques y sin el menor apuro, mientras que la cuota de un club cuesta entre diez y veinte veces más y dejar el gimnasio siempre sabe un poco a rendición; las dos tasas no son comparables tal cual, y la comparación favorece al anillo.

El precio, sin embargo, también corta en la otra dirección, porque un socio que paga 90 dólares al mes ha comprado, en su cabeza, mucha más atención que un suscriptor de seis dólares, y si la única señal personal que recibe le llega del anillo, es el anillo el que le da la experiencia premium y el club el que le vende un alquiler, una brecha que asoma en el mes siete, en el formulario de baja, archivada en la casilla del precio.

Hay otra cosa que el anillo hace bien, y es el nombre que sale en la pantalla: un logo por sí solo nunca ha hecho renovar a nadie, pero cuando la aplicación del club lleva su nombre, su icono y sus colores, la revisión del progreso y el mensaje del entrenador llegan en nombre del club y no de una marca de dispositivos, y la fidelidad tiene por fin una dirección.

La IA ha venido para quedarse, en el dedo de los socios, le guste al sector o no, y el anillo sale con cinco millones de mañanas de ventaja; el entrenador, en cambio, tiene lo único que no se puede mandar en una caja y ahora dispone también de las herramientas para usarlo a gran escala, así que puede ganarle al anillo, y la mayoría de las veces sencillamente todavía no lo sabe.

Fuentes

SiliconANGLE, Smart ring maker Oura files for IPO as revenue jumps 74%

Tech Times, Oura Ring Files for IPO at $16B: Sensing Tech Behind 5M Members Explained

ACSM, The Future of Fitness: ACSM Announces Top Trends for 2026

Gymdesk, 100 Gym Membership Statistics